Biografía/8
︎︎︎



1
2
3
4

5
6
7
8
9
10




“Yo comencé hace muchos años (a coleccionar artefactos arqueológicos indígenas), desde bastante joven, pero no había mercado para comprar arte taíno o el arte indígena puertorriqueña. Por lo tanto, empecé con una pequeña colección de arte precolombino de Ecuador que me sirvió una azafata que tenía una colección de piezas de arte ecuatoriano y poco a poco cuando viajaba a Puerto Rico me llamaba y me proveía algunas.”

“Eran piezas sencillas, particularmente de las costas de Ecuador. Pero eran muy modestas, en ocasiones eran fragmentos de piezas y no tenían particularmente ninguna información que pudiera aclarar porque ella tampoco tenía mucho conocimiento. Se las habían ido obsequiando o ella adquiriendo, pero sin data científica sobre la procedencia de esas piezas. Eran muy pequeñas y eran de barro.

“Después de eso yo comencé a comprar piezas en Estados Unidos en subastas de una empresa que se dedicaba principalmente a la venta de monedas que se llamaba Harmer Rooke y estaba localizado en Nueva York. Pero tenían un departamento de piezas precolombinas que no era muy vasto, no era muy amplio, pero vendían algunas piezas precolombinas. Yo comencé a comprarle algunas piezas de diferentes áreas de América Latina y siempre le dije que, por favor, si le llegaban algunas piezas de las culturas precolombinas de Puerto Rico que me llamara a ver si podíamos hacer el negocio sin necesidad de que él las llevara a subasta.”

“Así lo acordamos y ocasionalmente empezaron a llegarle algunas piezas precolombinas de Puerto Rico y también algunas de Santo Domingo (República Dominicana). Yo siempre negocié con él y por regla general, me las vendió. En una ocasión particular hace ya muchos años, ellos tuvieron un robo de muchos millones de dólares en monedas. Dejaron el negocio de las monedas que era su negocio principal por muchos años y eran ya una empresa muy reputada en esa área. Cambiaron y establecieron un negocio de arte precolombino que se llamaba Arte Primitivo. Yo seguí con ellos mi relación durante todos estos años, adquiriendo con ellos las piezas que he podido obtener. Una variedad de ambas culturas, la taína dominicana y la puertorriqueña.”

En una ocasión particular me dijo que había obtenido un pequeño lote de una familia norteamericana cuyo personaje principal, que era el marido de la señora, no era un arqueólogo pero era un amante de la cultura puertorriqueña al extremo que se enamoró de Puerto Rico. Se quedó a vivir en Puerto Rico toda su vida hasta que falleció y la viuda se mudó a Estados Unidos y se llevó las piezas. Había vendido parte de ellas y le estaba mostrando a Arte Primitivo todavía un lote que tenía, pequeño, de seis o siete piezas y él me las mostró por catálogo y yo me interesé y se las compré.”

“Ahí, más o menos, comenzó el lote principal que se adquirió. Y localmente de otra persona en Puerto Rico documentadas y certificadas adquirí dos cemíes. El cemí común, que es como el seno de una madre, puntiagudo con ancas de rana en la parte posterior. Además, otro que tiene unas depresiones en los costados. Un experto en una ocasión me indicó que ese tipo de cemí se utilizaba cuando había una sequía muy grande con el propósito de rogar porque lloviera y se pudiera dar la cosecha. Mientras que el otro pues tenía otros propósitos, entre ellos, que se produjera una buena cosecha.”

Así, poco a poco, fue creciendo la colección. Obteniendo piezas, pero por regla general en el mercado extranjero. En Puerto Rico no había mercado y yo nunca estuve en contacto con una persona en particular que se dedicara a la venta de piezas precolombinas. Todo lo que tengo, en términos generales se adquirió a base de subastas en Harmer Rooke y, posteriormente, en Arte Primitivo. Esa es la historia principal de la fuente de adquisición de los artefactos y sigue siendo esa. Pero ya Arte Primitivo cerró operaciones, ya hace más de 15 años y yo no he comprado más piezas.”

“En una ocasión, por una intervención de un amigo, me visitó Luis Chanlatte Baik que era entonces el arqueólogo residente de la Universidad de Puerto Rico. Él las examinó todas y me dio su aprobación como que eran auténticas excepto unas tres o cuatro piezas pequeñas de hueso. Me dijo que eran dominicanas falsificadas y me indicó la procedencia de esas piezas, de dónde venían y el nombre de las personas que se dedicaban a ese tipo de negocio cuando las piezas salían al mercado.”

“De ahí en fuera seguí con el interés de las culturas precolombinas de Hispanoamérica y la colección, se amplió a diferentes países y culturas de América Hispana. Las culturas más conocidas: Incas, Azteca, Maya y toda la gama de esos diferentes países. Pero de Puerto Rico pues entiendo debo de tener unas 80 piezas, quizá un poco más, que son una mezcla de taíno boricua con taíno dominicano. De América Hispana hay un grupo más grande y diverso de piezas de mucha más cantidad y diversidad.”

“En una ocasión yo comencé por ampliar el tipo de ingreso profesional que yo devengo como abogado. Y tenía una finca muy bonita frente al lago Dos Bocas de 82 cuerdas y pensé en hacer un hotel en ese lugar. Para lo cual contrate un arquitecto muy reputado español. Entre las cosas que diseñamos para ese proyecto era que se integrara un museo interactivo representativo de la cultura puertorriqueña. La razón principal de mi interés en la colección de piezas era preservar la esencia de lo que pueden haber dejado nuestros ancestros de todas las culturas anteriores a la presente. Que estuviera disponible como parte del hotel un lugar donde se pudiera funcionar interactuando con las personas y cualquier grupo de estudiantes u otras personas interesadas en conocer.”

“En Puerto Rico, salvo el museo de la Universidad de Puerto Rico, que es bastante modesto, no había un museo de arqueología en aquel momento. Pero yo entonces quería que aparte de mostrar lo que hacían nuestros indígenas, se pudiera hacer una comparación con lo que se estaba haciendo al mismo tiempo en todos los países de América Latina. Y que se pudiera hacer una comparación entre culturas y se viera que los nuestros son muy buenos en la piedra. Además, que se vieran otras joyas arqueológicas que hay en otros países, basadas más en la cerámica de diferentes colores y diferentes estilos. Piezas también de madera y de otros materiales.”

“Quería que esa colección representativa de lo que es nuestra cultura, que incluyera la contribución española a la cultura nuestra con una colección de santos. De ahí también pensé incluir la aportación africana a la cultura puertorriqueña desde sus comienzos. Y se amplió la colección de arte precolombino taíno y de arte precolombino hispanoamericano y la de santos con una colección de arte religioso del continente africano. Y así sucesivamente se le añadiera una colección de pinturas de lo que yo consideraba y sigo considerando llamar los maestros. Como Carlos Raquel Rivera, Augusto Marín, Carlos Osorio y muchos otros de esa época antigua, Don Julio Rosado del Valle.”

“Realmente lo que quería era que se hiciera la comparación de unas esculturas y otras. Que se conociera los aconteceres del vivir diario de la cultura actual puertorriqueña en su origen, comparándola con lo que acontecía en América Hispana. Ese era mi interés, porque en mi época no había un museo y yo pensé que ese legado de la cultura taína tenía que protegerse para las culturas futuras de nuestros nietos, bisnietos y todas las personas.”

“Que tuvieran una comprobación de lo que forma el como se vivía, con las piezas. Muchas de ellas son piezas utilitarias como un rallador de yuca, otras piezas que se usaban para picar piedras, vasijas y ollas. También para mostrar los adornos que pudiera haber. Mostrándolo en contraste a lo qué hacían otras culturas.”

“Las piezas de América Latina se conservan mejor que las nuestras porque a pesar de que son cerámica y piedra, los entierros de nuestras culturas indígenas se hacían haciendo un hueco. A diferencia, en otras culturas de latino américa, se construía una plataforma en ese hueco para hacer los entierros por el costado. Teniendo una plataforma sobre esa área del enterramiento de madera y columnas que protegieran el destrozó del entierro. Algo en cierta forma no tan desarrollado como los egipcios, pero había un cuidado con el cual se trataba lo que acompañaba el entierro para que la existencia en la vida posterior a la muerte se conservara el mayor tiempo posible. Por esa razón pues se consiguen piezas de mucho colorido, completamente sanas sin quebraduras.”



“La careta de Jesse Walter Fewkes se adquirió en Arte Primitivo. La persona a cargo de ese departamento, Howard Rose, un experto egiptología, no era un conocedor de las culturas precolombinas de América Hispana. Simplemente sabía que la procedencia de esa careta de piedra era de cultura taína puertorriqueña. Efectivamente así lo era, como lo eran las otras que me vendió. Estas piezas están identificadas como perteneciente a algún museo anterior o de algún descubrimiento anterior. La máscara de piedra dice Fewkes 1914.”

“Esa pieza está relacionada con otras anteriores que basado en lo que me dijo y que yo lo asocio hoy en día conRobert Ludwig Junghanns el norteamericano que menciona en el libro de Arqueología Indígena Puertorriqueña del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Eso es lo que me habían dicho en aquel entonces y yo desconocía la procedencia. Lo indico como una posibilidad. No estoy diciendo que esas piezas eran de esa colección, pero cuando las adquirí la narración que me hicieron coincide con lo que se conoce sobre la existencia de Junghanns y su colección en Puerto Rico. La careta de Fewkes no sé cómo llegó a la empresa Arte Primitivo, pero la adquirí juntamente con otra pequeña pieza que tiene una identificación de la cultura puertorriqueña que parece un lanzador y otras de otra naturaleza.”

“La preocupación mía básica era que no había un museo de arqueología. Yo fui invitado una vez a visitar el Centro de Investigaciones Arqueológicas y Etnográficas en la Universidad de Puerto Rico. Visité el sótano del edificio de Humanidades donde almacenaban las piezas arqueológicas. Habían más de 30,000 piezas disponibles para ser exhibidas pero nunca, que yo sepa, se han exhibido. No sé si algunas son parte de la colección que aparece en la publicación reciente de Arqueología Indígena Puertorriqueña. Pero siempre pensé que debía de exponerse al pueblo el mayor número de piezas que se pudiera tener a la mano para que se tuviera respeto y reconocimiento por lo que hacían los primeros pobladores de nuestra tierra.”

“Es un sentido también un poco chauvinista y un poco de nacionalismo cultural, pero entiendo que eso es necesario y que debemos de mantener y preservar para las futuras generaciones todo lo que sirvió en el pasado para llegar al nivel económico, social y de convivencia sociológica. Hoy en día en nuestro país esas son las raíces. Esas deben ser conocidas como parte de un legado que, en cierta medida, por razones, las que sé, que no quiero entrar en política ni en críticas que puedan aparecer como prejuicio, me parece que se deben de mejorar y debe haber un buen museo de arqueología. Santo Domingo tiene un museo de arqueología de bastante calidad. Cualquier turista o cualquier persona que desee conocer sobre los orígenes culturales, ese país lo tiene y nosotros, en cambio, aparte de lo que pueda haber hoy en día en el Museo de las Américas, no tenemos un museo representativo con detalles adecuados.”

“Sé que existe el museo de la Universidad de Puerto Rico y que es muy bueno, pero el espacio debiera de ser mayor. Yo no sé si ha sido agrandado porque no voy al museo de la Universidad hace muchos años. No lo estoy criticando. Es una buena fuente y se le debe reconocer, pero yo creo que debe de haber mayor representación, mayor detalle, mayor promoción para ese tipo de aspecto cultural que en Puerto Rico no está adecuadamente representado.”



“En este momento yo no sé que va a pasar con la colección que tengo. Tengo una nietecita que es muy dedicada, muy inteligente. Tiene hoy en día 13 años, pero es una estudiante brillante y tiene unas inquietudes intelectuales más allá de lo que es normal a su edad y ha estado siempre muy interesada en las culturas egipcias. Y tiene una referencia extraordinaria de conocimiento sobre ese tema y pienso que pudiera ser una buena guardiana de lo que tengo de las culturas precolombinas. En este momento no sé qué va, no he tomado una decisión final de qué se va hacer con eso, con ningunas de las piezas precolombinas de todos los países, las puertorriqueñas y tampoco con relación al arte africano que es bastante abundante.”

“No puedo quedarme con todas ellas, tengo en alguna forma que disponer de ellas. La preocupación con relación a donarlas a una institución gubernamental está muy lejana. Al ver que no hay ni fondos, ni hay interés en ese tipo de artefactos. No se me olvida una vez que estuve en el Instituto de Cultura Puertorriqueña en una visita tratando de promover un museo, que vi un aro lítico sirviendo de calzo en la puerta para que no cerrara. Donde había dos cuadros de Don Julio Rosado del Valle y de otro pintor puertorriqueño de la época, que se estaban echando a perder porque le daba, por una ventana, el sol. Aquel aro lítico era el calzo que tenía la puerta por ser muy pesada, muy grande, para que no se cerrara. Entendí y sigo entendiendo que no hay el interés adecuado, ni los medios para uno hacer una donación al estado. Porque todo cambia en la medida en que el sistema gubernamental cambia cada cuatro años. No está en los planes del gobierno en el futuro, Puerto Rico todavía no tiene un plan permanente de futuro que se puede decir que va a durar cualquier número de años pasado más de cuatro.”



“Como parte de la búsqueda de arte precolombino con unos amigos fuimos varias veces a Colombia a la frontera con Ecuador, al pueblito que se llama Ipiales, que al lado está otro se llama Pupiales, en el área del valle. Hay piezas allí donde, examinadas con detenimiento tienen, algunas de ellas, cierta similitud con lo que hacían los indígenas nuestros. No estoy técnicamente documentado para hacer ninguna opinión sobre eso, pues son coincidencias, pero es así. Fuimos en varias visitamos la región y había unas personas que tenían piezas porque eran guaqueros. Le llaman una guaca al entierro indígena, visitábamos los guaqueros y yo adquirí allí algunas piezas de oro y de barro. Hay una en particular que está en el libro de Arqueología Indígena Puertorriqueña que es similar, pero está identificada como parte de la cultura taína.”

“De esa zona, como los indígenas de la época eran magníficos navegantes, sus piraguas que son una maravilla, sus conocimientos de navegación tuvieron alguna influencia, pues no lo sé, es posible. En Vieques apareció una pequeña figura que es un Cóndor de los Andes. Parece que había alguna interrelación, aparentemente, pero tampoco estoy documentado, ni científicamente apto para hacer ninguna relación. Indicando como una coincidencia, como un paralelismo sociológico que ocurre que, en dos sitios, que ninguno de los dos se conoce entre sí, están haciendo lo mismo. Y esas coincidencias existen en diferentes aspectos de la cultura.”


11 de enero de 2022