Biografía/1
︎︎︎


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“(El hacha) fue comprado en Cambridge en la tienda “The Hive”. Yo estaba viendo una virgen peruana y estaba negociando, cuando veo la palabra Puerto Rico en uno de los “labels”. Estaba al lado de un hacha nativo americano y un hacha vikingo. Miro bien y decía hacha taino. Se la quería regalar a mi esposo. En realidad yo no la quería dejar allí, porque pensé que eso tenía que regresar acá a la isla. No la quería dejar en Inglaterra. No decía más nada, decía hacha taino, Puerto Rico. Costó como 60 libras, 80 dólares más o menos. Me la dejaron en ese precio por haber comprado otra pieza.”

“Yo fui a varios sitios de antigüedades y me decían que no vendían cosas de América, que no era el mercado. A ellos les interesaba más las piezas viejas europeas, asiáticas y de Medio Oriente. Y me decían que no había mercado para las cosas tainas, de américa y latinoamericanas. Esa fue la única pieza, excepto por otro hacha taino más grande, una piedra grande (en la misma tienda).”

“Lo adquirí con el motivo de traerla y regresarla a su patria”


“(Las caritas y el otro fragmento de cerámica) se las regalaron a mis papas entre los años 1975 al 1980, por ahí. Papi me dijo que eran de República Dominicana y Vieques. Fue un amigo que llegó a la casa de visita con la cajita, estaban en una cajita de cartón, y se las regaló.” 

“Mami las apreciaba mucho porque tiene tres caritas y nosotros somos tres (hermanos). Ella decía: “son mis tres hijos”, era bien simbólico. También hay un pedazo de vasija, un borde, son cuatro piecitas.”

“A mami le gustaba volver a enterrar las cosas, en vez de exhibirlas en las tablillas o mandar a hacerle una cajita para verlas. En vez, ella cogió una caja de cigarros y decidió volver a enterrarlas. Era un acto simbólico, como por respeto también, ella tenía la conciencia que cuando se rompían las vasijas ellos (“los taínos”) las enterraban. Ella las volvió a enterrar pero en la caja. Sin embargo, ella las sacaba periódicamente.”

“Ella tenía la costumbre de, cuando estábamos en la casa comiendo, nos decía: “vénganse al cuarto”. Allí empezaba a sacar cajitas con el collar de la bisabuela y el reloj del abuelo. Empezaba a sacar todas las cosas y nos hacía las historias. Entonces es que sacaba la caja con las tres caritas tainas.”


“Mami trabajó con Don Walter Murray Chiesa en el Instituto de Cultura de Puerto Rico (ICP) y conocía a Don Ricardo Alegría. Don Walter era amante de la cultura taína. Recuerdo que tenía unas piezas chiquitas en el bolsillo que agarraba y a veces tenía en la mano cuando te hablaba.”

“...mami y  Don Walter iban a visitar los artesanos, a entrevistarlos y tomar fotos porque habían artesanías que se estaban perdiendo. Ellos estaban documentando eso. A veces ibas a una casa y había un cemí que habían encontrado en la finca, o había alguna pieza (arqueológica indígena). Ese tema, yo lo vi desde pequeña y ellos lo hablaban (sobre la presencia de artefactos arqueológicos indígenas en las viviendas de artesanos).
Era un trabajo para el ICP, pero era algo de Don Walter. El siempre estaba hablando de las artesanías que se estaban perdiendo y que se iban a perder.”

“A mami le gustaban las cosas viejas, le gustaban las antigüedades. Ella siempre hacía pequeñas historias. Por eso, creo que relacioné que los objetos siempre tienen sus propias historias. Aunque yo no las sabía, sabía que esos objetos (caritas y otros fragmentos de cerámica) eran viejos y tenían todo un historial, una vida. Heredé toda su pasión por todo lo viejo y antiguo. Me encanta mirarlas, cuando las miro me pregunto: ¿qué parte de la vasija es? Me gusta tocarlas, porque me siento que estoy tocando algo que tocaron mis ancestros, es un viaje.”

“También recuerdo que mi abuelo, que era medio “indiecito”, decía que su abuela no hablaba español. Que ellos no la entendían. Eran del campo de Naguabo. Asumían que ella hablaba taíno, porque no hablaba español. Es la historia oral que uno recoge.”

“Eso es lo que hacia Don Walter Murray Chiesa. El recogía la historia, una vez estaba en la casa de él y me enseño un cuarto lleno de cajas que estaban llenas de libretas con todos los cuentos que el recogía de la gente. Todos esos cuadernos, tenían cuentos de los desaparecidos, cuentos de misterios, cuentos de los taínos y decía que a nadie les interesa. No se que pasó con todo eso.

“Uno guarda esas historias que oye de la familia. Uno hereda los intereses.” 



9 de noviembre de 2021